
En el misterio que se adentra la vieja
melodia
del cansado marinero.
En la dulce cantada de la mar,
oleada por la suave caricia
en una gaviota que anhela.
En ti, en mí, en el hombre y su
caminata universal
en la bocanada de humo del fustrado
soñador de tesoros vitales.
o el ebrio olor del que dice: la vida no es nada.
Penetración...
Como si la noche despertase de un solo golpe
contemplándose a sí misma desnuda y sola
o talvéz como el sonido imperceptible
de la cuerda que sostiene este canto mudo.
Sin final el silencio, el tunel interminable,
la encrucijada original que intenta revelarse.
Tus hombros, mis hombros agotados
sostienen a duras penas la intensidad del interrogante
sin frescor que alivie las ardencias de nuestras dudas
sin brazos que reemplacen el peso de una cruz
que no buscamos.